mi ventana mojada
jueves, febrero 02, 2012
Tanta lluvia
Mientras cenábamos tú hablabas sin parar. Siempre hablabas de cosas que no sucedían. Como el gol de Messi. Decías que aquella ciudad era maravillosa, y que te irías lejos pronto. Conmigo, claro. Olvidé citar que también mentías a ciertas horas. Tarde, mal y nunca. Mi estómago en nudos marineros. Con ganas de salir corriendo aunque lloviese a cántaros. Luego nos echamos de menos en el último plato. Pide la cuenta, porque esto se acabó.
viernes, diciembre 30, 2011
Espacios vectoriales
En el colegio se empeñaron en enseñarnos que un vector era todo segmento de recta poseído en el espacio con tres elementos: dirección, sentido y módulo.
Yo, más tarde, aprendí que un vector sin dirección ni sentido no era más que una línea desperdigada en el espacio infinito, una serie de puntos unidos que lo único que lograban era caer por su propio peso.
Como nosotros. Números en un espacio vectorial.
Números, al fin y al cabo.
Yo, más tarde, aprendí que un vector sin dirección ni sentido no era más que una línea desperdigada en el espacio infinito, una serie de puntos unidos que lo único que lograban era caer por su propio peso.
Como nosotros. Números en un espacio vectorial.
Números, al fin y al cabo.
lunes, diciembre 12, 2011
El equilibrista
El equilibrio está en tu espalda
El punto donde se unen la primavera y el invierno.
Porque no hubo más domingos desde que sonó aquella canción.
El punto donde se unen la primavera y el invierno.
Porque no hubo más domingos desde que sonó aquella canción.
miércoles, agosto 31, 2011
Deja que me vaya.
Cuando tú tiraste la toalla yo estaba saliendo de la ducha. Pasaba frío todos los domingos. Y fue 4 de enero durante 4 meses aproximadamente.
He pensado que lo mejor es que sea lunes toda la semana. Incluso todo el mes. O por lo menos hasta que me vaya. Deja que me vaya.
He pensado que lo mejor es que sea lunes toda la semana. Incluso todo el mes. O por lo menos hasta que me vaya. Deja que me vaya.
jueves, agosto 25, 2011
Fue un completo asesinato. Había tanta sangre que nos pasamos 4 noches y pico cambiando las sábanas. Era 31 de enero. Y todo había terminado en el mismo punto en el que había empezado. En nada. Nada nació. Nada apenas creció. Con nada se reprodujo. Y finalmente murió. Como mueren las cosas inertes. Hoy es 1 de enero. Y ya nadie llora ni queda sangre.
miércoles, marzo 10, 2010
ya nada
Agua en las paredes.
Yo nado.
Agua en las aceras.
Yo nado.
Agua en la mirada.
Yo nado.
Agua dentro de las uñas.
Yo nado.
Agua en el surco de tu espalda.
Yo nad.
Agua entre las piernas.
Yo nado.
El nada.
Ya nada.
Yo nado.
Agua en las aceras.
Yo nado.
Agua en la mirada.
Yo nado.
Agua dentro de las uñas.
Yo nado.
Agua en el surco de tu espalda.
Yo nad.
Agua entre las piernas.
Yo nado.
El nada.
Ya nada.
sábado, enero 23, 2010
delirios de grandeza
Delirios de grandeza, llámalo como quieras. Pero era una grandeza diminuta.
Allí seguías tú hablando de aquel cantante; como si ahí fuera no lloviera, como fingiendo que se me habían pasado las ganas de besarte.
Te pedí que perdiéramos el último autobús, que hiciéramos noche entre tanto humo. No accediste. Como respuesta te mordiste las uñas y me dejaste tirada, como se tiran los periódicos de la semana pasada o las fotos del verano del 93. Coseguiste lo que te proponías; arrugarme toda la ropa y luego dejarla así en el armario, sin más.
Lloré cuando te fuste. Todo lo que no había llorado en los últimos meses, desde que te había conocido. Tú creo que me oíste un rato. Luego te pusiste el iPod mientras sonaban los Who. Sonreíste. Te encantaba esa canción y te encantaba verme llorar como una niña con un juguete roto. Porque los juegos no son lo mío. Porque siempre pierdo.
Allí seguías tú hablando de aquel cantante; como si ahí fuera no lloviera, como fingiendo que se me habían pasado las ganas de besarte.
Te pedí que perdiéramos el último autobús, que hiciéramos noche entre tanto humo. No accediste. Como respuesta te mordiste las uñas y me dejaste tirada, como se tiran los periódicos de la semana pasada o las fotos del verano del 93. Coseguiste lo que te proponías; arrugarme toda la ropa y luego dejarla así en el armario, sin más.
Lloré cuando te fuste. Todo lo que no había llorado en los últimos meses, desde que te había conocido. Tú creo que me oíste un rato. Luego te pusiste el iPod mientras sonaban los Who. Sonreíste. Te encantaba esa canción y te encantaba verme llorar como una niña con un juguete roto. Porque los juegos no son lo mío. Porque siempre pierdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)